
La música no siempre nace en un escenario. A veces nace en una pérdida, en el silencio de una casa, en una guitarra agarrada para desahogar el alma. Así comenzó la historia de Franchy y los Fiorani, la banda villamercedina que el sábado por la noche se presentó en las carpas de la Fiesta Nacional de la Calle Angosta, y que hoy conmueve por algo más que su talento.
La formación está integrada por Franchy Navarro en guitarra y voz, Ciro Fiorani (16) en acordeón y piano, y Dylan Fiorani, el más pequeño, en batería y percusión, con apenas 7 años. Detrás de ellos, acompañando cada paso, está su papá, Fernando Fiorani, quien convirtió el dolor en música y la música en un refugio familiar.
Fernando recuerda que todo empezó tras la muerte de su padre. En medio del duelo, sintió que debía mantenerse fuerte por su hijo mayor, Ciro. La guitarra apareció casi como una terapia, una forma de canalizar lo que no podía decir con palabras.
Ciro fue el primero en mostrar interés: pidió un piano, estudió, aprendió y cumplió. La música empezó como un juego entre padre e hijo, sin presión, sin exigencias. Luego llegó Dylan, que —como dice su papá— “ya nació con música”, incluso antes de dar sus primeros pasos.
Con apenas tres años, Dylan ya golpeaba todo lo que encontraba. El diagnóstico apresurado no tardó en aparecer desde afuera, pero una profesional fue clara: el niño estaba bien, solo necesitaba expresarse. La batería fue la llave.

A los cinco años comenzó a estudiar y, desde entonces, no paró. Hoy, con 7, toca con seguridad, ritmo y una naturalidad que despierta ternura y admiración. Sus referentes son claros: su profesor Chulo Medina y la banda sanluiseña Algarroba.com, a quienes escucha y admira.
“Él no está obligado a nada —aclara Fernando—. Ensaya, juega, disfruta. Es un niño y nunca dejamos de tener eso en cuenta”.
La idea de formalizar la banda surgió junto a Franchy Navarro, amigo de la familia y hoy parte fundamental del proyecto. Ensayaron con la ilusión de llegar al Pre Cosquín, pero el reglamento —que no permite la participación de menores de 16 años— frenó ese sueño.
Lejos de bajar los brazos, llegaron las presentaciones en bares, eventos privados y, finalmente, uno de los escenarios más importantes de la provincia: la Calle Angosta. Allí, Dylan se robó todas las miradas. Porque no es común ver a un niño tan chico dominar una batería con tanta soltura… y con una sonrisa intacta.
Para Fernando, la experiencia va más allá de la música. Es un mensaje. “Los chicos vienen muy potenciados hoy en día —dice— y hay que acompañarlos, darles herramientas, alejarlos de la calle y acercarlos a cosas buenas”.
@vmivillamercedes Tiene 7 años y ya pisa fuerte en los escenarios: Dylan Fiorani sorprendió en la Calle Angosta junto a Franchy y los Fiorani #VillaMercedes ♬ sonido original – Villa Mercedes Info
Si el proyecto se vuelve viral, bienvenido sea. Si no, quedará como una experiencia hermosa. Pero algo es seguro: Franchy y los Fiorani ya dejaron su huella, demostrando que la música puede sanar, unir y abrir caminos, incluso desde las manos más pequeñas.



