Santiago Rumie tiene apenas tres años y ya conoce de luchas que a muchos adultos les quedarían grandes. Es el menor de cuatro hermanos, hijo de Pamela Lubatti y Leonardo Rumie, y desde su nacimiento convive con un diagnóstico tan duro como determinante: insuficiencia renal terminal.
Nació el 11 de noviembre de 2021, prematuro, con apenas 1,2 kilo de peso. A los siete días de vida le colocaron un catéter. El cuerpo todavía aprendía a respirar y ya necesitaba ayuda para vivir. Desde marzo de 2022, la diálisis peritoneal se volvió parte de su rutina diaria. Sin feriados. Sin pausas. De lunes a lunes.
Durante casi tres años, la máquina reemplazó la función de sus riñones. Horas conectadas durante la siesta y la noche. Mientras otros chicos jugaban, Santi resistía.
Un camino largo, agotador y lleno de esperanza
“El 8 de marzo del 2022 se descompensó y empezamos con la diálisis”, recordó Pamela. Al principio eran sesiones cortas. Luego, con el correr del tiempo y las subas en los valores de laboratorio, el tratamiento se volvió más extenso: hasta 12 horas diarias conectado a una máquina.
Santiago se atiende en el Hospital Privado de Córdoba, aunque su familia también destacó el acompañamiento permanente del Policlínico Regional de Villa Mercedes, que respondió cada vez que hubo complicaciones.
En diciembre de 2024, comenzaron los estudios pretrasplante. Y el 20 de enero de este año, llegó una noticia clave: Santi ingresó oficialmente a la lista de espera del INCUCAI. No era una urgencia inmediata, pero sí una carrera contra el tiempo.
“Hoy tenemos tiempo, pero mañana no”, repetía Pamela. Por eso, junto a otras familias de todo el país, impulsó una campaña de concientización sobre la donación de órganos pediátrica, un tema del que poco se habla y que todavía duele nombrar.
“Los órganos no van al cielo. Salvan vidas”, remarcó en más de una oportunidad.
La llamada que lo cambió todo
El domingo, a las 8:15 de la mañana, el teléfono sonó. Del otro lado, la nefróloga de Santiago fue directa: había un riñón compatible. El operativo estaba en marcha.
“No entendía nada, me nublé. Después te van diciendo qué hacer, qué preparar, y reaccionás”, contó Pamela. En cuestión de horas, la familia viajó a Córdoba. El órgano ya estaba en el hospital.
A las 18:50, Santiago ingresó al quirófano. La cirugía duró casi cinco horas. Eternas. Hasta que llegó la noticia más esperada: el riñón funcionaba. Había orina. Los valores bajaban. El cuerpo empezaba a responder.
“Fue su primera noche sin diálisis”
Hoy, Santiago está internado en terapia intensiva, acompañado por sus padres. Está dolorido, como es lógico, pero evoluciona bien. Come, se sienta, responde. Su “riñoncito”, como dice su mamá, funciona perfecto.
“Anoche fue su primera noche sin diálisis y yo no sabía dónde estaba la máquina. Parece mentira que haya llegado el día”, confesó Pamela, todavía atravesada por la emoción.
El deseo ahora es simple y enorme a la vez: que Santi juegue, corra, vaya al jardín, tenga la vida de cualquier niño.
Un agradecimiento que nace desde el alma
La familia Rumie no conoce el nombre de quienes hicieron posible este milagro. Pero el mensaje es claro y profundo.
“En medio de tanto dolor, una familia tomó una decisión inmensa. Les mando luz, fuerza y agradecimiento eterno”, expresó Pamela.
También pidió empatía y reflexión: “Nunca sabemos de qué lado de la vereda estamos. Hoy somos nosotros, mañana puede ser cualquiera”. En Argentina, más de 200 niños esperan un trasplante.
Amor, fe y una segunda oportunidad
Detrás de este trasplante hay una familia que nunca bajó los brazos, una comunidad que acompañó y un gesto silencioso que regaló futuro en el momento más oscuro.
La historia de Santiago no es solo una noticia. Es un recordatorio urgente y necesario: donar órganos es donar vida. Incluso —y sobre todo— cuando duele.
Hoy, Santi empieza de nuevo.
Y esta vez, sin cables. Sin máquinas.
Con un corazón lleno de futuro. 💙
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